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Peatonalizar no es poner una valla

Muchos esbozan sonrisa de suficiencia cuando les comentas que estás en contra de la peatonalización de nuestra calle. Serán estudiosos del tema en otras ciudades, en otras calles.

Pocos sienten y conocen la calle San Orencio como nosotros que llevamos casi 30 años en ella y más de 20 a pocos metros de distancia, en la antigua ubicación de nuestro negocio en la calle Padre Huesca.

Hemos resistido el derrumbe imprevisto de la casa de enfrente, la construcción del hotel contiguo y varias acciones de levantamiento de todo el pavimento para colocar cableados y gas o para eliminar las antiguas aceras.
Como sufrimos las peligrosas noches de la zona los fines de semana.

Y no me gusta que peatonalicen la calle porque no le veo sensatez en el fondo ni en las formas. No tiene sentido peatonalizar primero y construir un parking después. Aquí el orden de los factores sí importa.
Pienso que peatonalizar calles es absurdo, hay que peatonalizar en todo caso zonas. Y en la entrada de esas zonas debe haber una zona de fácil aparcamiento. El tan cacareado "centro comercial abierto" debería emular el concepto de los hipermercados, tiendas de todo tipo agrupadas junto con locales de ocio pero con el aparcamiento en la puerta y un carrito para llegar hasta el mismo maletero. Somos una sociedad comodona y hay que convertir la compra en algo agradable, fácil y cómodo.

Lo que pretenden con nuestra calle es una zancadilla más, una piedra en el zapato que será la puntilla para alguno. No hay más que darse una vuelta por el centro de la ciudad para ver cantidad de locales en venta, traspaso o alquiler víctimas de esta crisis demoledora.

Peatonalizar no es poner un semáforo rojo y un bolardo, hay que llevar a cabo unas acciones globales para fomentar una zona y hay que mirar por todos, en primer lugar por los que viven y trabajan en la zona. Los comercios somos la sangre de las calles, los que damos vida, luz y movimiento. Los que iluminamos con nuestros rótulos y escaparates la deficiente iluminación de muchas calles. Sólo hay que darse una vuelta un domingo de noviembre a las ocho de la noche por el centro para ver la realidad de esta ciudad. Mal que nos pese no es una ciudad turística porque, no nos engañemos, tiene pocos atractivos que ofrecer a un turista. No es una ciudad monumental, museística, ni nada parecido.

No idealicemos las cosas, el oscense es una persona que no le gusta caminar, ni mucho menos ir cargado con pesadas bolsas mucha distancia. Ni está acostumbrado a pagar por aparcar.
Nosotros tenemos clientela de pueblos, que encargan por teléfono y pasan a pagar y a recoger el pedido; tenemos personas mayores que las acercan en coche. No vivimos del barrio, vivimos de toda la ciudad que acude a nosotros en busca del perfil de calidad que tenemos. Pero si ponemos trabas, si es molesto y engorroso comprar en nuestra calle dejarán de venir.
Nos suministran género a cualquier hora del día, no sólo de 8 a 11 de la mañana y estamos hablando de un género altamente perecedero que hay que entregarlo y venderlo sí o sí.

En definitiva, el deber de unos gobernantes municipales es defender los intereses de su tejido comercial tradicional que da trabajo a los oscenses, paga los impuestos aquí y consume aquí.

Un ejemplo de lo arbitrario que parecen ciertas decisiones es la reciente colocación de pivotes fijos en la entrada de la calle Padre Huesca. Este hecho sólo beneficia a un local de hostelería de la calle, al que le ha tocado el premio gordo. A todos los demás nos implica que para dar la vuelta a la manzana hay que recorrer más de un kilómetro y sufrir 4 ó 5 semáforos para hacer lo que antes costaba 2 minutos. Antes esa calle estaba mal con unas traicioneras bolas para delimitar la acera de la calzada pero lo que tenían que haber hecho es prohibir el estacionamiento, ensanchar el espacio de acera y dejar el paso de vehículos intacto.

Hace poco colocamos en nuestro local y en la fachada una encuesta para que la gente expresara su opinión sobre el tema. Nos ha sorprendido, porque el tema de peatonalizar tiene muy buena prensa, que gana por abrumadora mayoría la opinión negativa a la peatonalización.

Pero soy tremendamente pesimista de que quienes mandan sepan escuchar y sepan manejar algo tan delicado como la viabilidad de muchos pequeños negocios.
Ahora se verá el talante de los nuevos dirigentes municipales.


Autor:
Fernando Mompradé Viñuales