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La celiaquía y la restauración

Cada vez hay más intolerancias alimenticias. El tema de la intolerancia al gluten me ha tocado muy cerca y ha cambiado la vida de toda la familia. En casa se puede llevar bastante bien. Es una pena la falta de información en el etiquetado de muchos productos y el elevado precio de los productos sin gluten. Pero se puede hacer una vida doméstica relativamente normal.
El problema es cuando se sale de casa. En hoteles, bares y restaurantes se dan todos los problemas posibles. No es justificable porque ni es una enfermedad nueva ni es una enfermedad de las llamadas "raras" por el mínimo porcentaje sobre la población. Los diagnosticados como celíacos aumentan rápidamente y ya hay cifras que hablan de 400.000 celíacos en España.
Pero hay un desconocimiento, una desinformación, una pasividad preocupantes. Todos los que tienen actividades que pueden afectar a la salud de sus clientes deben estar debidamente formados y preparados para encontrar soluciones.
Hace unas semanas fuimos a Barcelona. Reservé con dos semanas de antelación en un restaurante de bastante categoría avisando que mi esposa era celíaca. La reacción del maitre cuando tomaba la comanda fue explicarnos que a mi mujer no le ponía pan por su "problema". Gracias, pensamos, aún esperaría una propina por buena memoria. En vez de eso lo que correspondía era que le hubieran facilitado algún tipo de pan apto para celíacos.
O en el restaurante que te ofrecen sólo un postre porque los otros tres llevan algún fruto seco. Como si los frutos secos tuvieran algo que ver con el gluten.
O es descorazonador ver como en una localidad como Salou, uno de los destinos turísticos más populares de España, no haya un sólo bar o restaurante que te ofrezca cerveza sin gluten. Pueden ofrecerte 10 marcas de cerveza, pero ninguna sin gluten.
Todo esto repercute negativamente en el ocio familiar. A veces no sales porque no nos apetece, porque vas esquivando riesgos, aceptando dudosas explicaciones, sumando frustraciones.

Señores hosteleros, sean más profesionales, pónganse las pilas, ya!

Autor:
Fernando Mompradé Viñuales